Oraciones por las Vocaciones



1 - Oracion por la Vocacion Sacerdotal
2 - Jovenes con inquietudes Vocacionales






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Oracion por la vocacion Sacerdotal



Jesucristo, estoy aquí este momento delante de Ti
para pensar un poco en la vida, en los demás, en mí,
en tantas cosas que me dan vueltas en la cabeza
y no logro entender sobre Ti, sobre el mundo, sobre mí mismo.
Quisiera hacer grandes cosas por Ti, por los hombres,
para que mi paso por la historia no resultara vano.
Yo sé que en Ti está la Vida y la Verdad y por eso
vengo a beber en la única Fuente capaz de apagar mi sed de verdad,
de bondad, de belleza.
Hoy quisiera pedirte de modo especial por aquellos jóvenes como yo
que perciben en el interior de su corazón
tu llamada al sacerdocio o a la vida consagrada.
No debe ser fácil para ellos dejar todo para seguirte a Ti.
Les debe costar dejar sus familias, sus novios o novias, sus amigos...
Pero yo comprendo perfectamente a quienes son capaces
de dejar todo eso para seguirte.
Porque Tú eres el tesoro por el cual bien merece la pena
vender todo con tal de no perderte a Ti.
Ellos irán por el mundo predicando tu Evangelio,
suavizando con tu palabra la amargura de muchas vidas humanas,
dando un poco de esperanza a tantos hombres,
a los miles y miles de jóvenes que viven sin ilusión,
sin trascendencia, sin amor verdadero.
Ellos irán derramando por ese mundo
que parece condenado a la amargura y al odio,
el perfume de tu mensaje de gozo, de paz y de esperanza.
Irán consolando a los tristes,fortaleciendo a los débiles,
derramando gracia y perdón.
Hasta siento envidia de ellos.
Yo no sé qué respondería si sintiese tu llamada.
Lo único que te pediría en ese momento es lo que te pido
por aquellos jóvenes que ahora la están escuchando:
generosidad,valor, audacia y fe.
Verdaderamente Tú eres capaz de llenar una vida,
de darle sentido, de hacerla fructificar.
Danos sacerdotes según tu corazón.
Mueve los corazones de los jóvenes para que no vacilen
en dejar sus redes cuando Tú, posando sobre ellos tu mirada,
te detengas a la ribera de sus vidas, pronuncies sus nombres,
clavados en tu corazón desde la eternidad,
y con tu palabra poderosa que creó los cielos,
les digas con suavidad firme: «Sígueme».




Jovenes con Inquietudes Vocacionales



Jesucristo, estaba esperando este momento desde hace mucho tiempo.
Necesitaba un rato a solas para hablar contigo y, sobre todo, para escucharte.
La verdad es que, si soy sincero, Tú no dejas de enviarme tus mensajes.
Lo que pasa es que no siempre los quiero recibir.
A veces los ahogo con música, con amigos, con ruido...
Pero, -no te lo puedo negar- siento un gran vacío,
aunque a los demás les parezca lo contrario.
En cambio, cuando luego viene tu invitación serena,
se inunda el corazón de luz y de paz: «Sígueme».
En cuanto en lo profundo de mi conciencia percibo esa invitación,
mi corazón se estremece pues sé que entre cientos, entre miles de jóvenes
has puesto tu mirada en mí.
Pero, ¿por qué, Señor, por qué a mí?
¿Qué tengo yo de especial para que me llames a seguirte,
a ser tu discípulo predilecto?
Entonces me viene a la mente
la escena del llamamiento de los primeros discípulos
y me digo a mí mismo:
«Bueno, ¿y qué tenían de especial Pedro, Santiago, Juan, Andrés...?
¿No eran hombres como los demás?
¿No tenían pecados como los demás?
¿No eran débiles, traidores y cobardes, como los demás?».
Pero Tú los elegiste:
«No sois vosotros los que me habéis elegido. Soy yo quien os he elegido».
Y me sobrecoge pensar que ellos, esos pobres pescadores del lago de Tiberiades,
no dudaron en dejar sobre la playa, muertas para siempre,
esas redes que representaban toda su vida.
Y a mí me cuesta tanto dejar mi familia, las comodidades del hogar,
el cariño de mi novia, las posibilidades de mi carrera,
mis planes personales, mi libertad... Pero, por otro lado,
también Tú me atraes y me atraes con una fuerza especial
pues Tú eres mucho más que cualquier persona o cosa en este mundo.
Me atrae tu personalidad, tu generosidad hasta el límite,
tu ternura para con nosotros los hombres, la mansedumbre de tu corazón,
la grandiosidad de tu Reino.
Sé que a tu lado encontraré la auténtica felicidad,
que Tú apagarás mi sed de eternidad,
que contigo dejaría una huella indeleble a mi paso por este mundo,
haciendo el bien en tu nombre. Pero, me da miedo.
Me da miedo lanzarme a una aventura en la que me juego todo
aunque también sé que lo puedo ganar todo.
Dame generosidad, Señor, para lanzarme sin titubeos tras de Ti,
para cortar las amarras que me atan a la orilla
y me impiden echarme a la mar del mundo contigo como capitán de mi barco.
Dame valentía, dame fuerza. Sé que no tendré visiones, ni apariciones, ni nada.
Pero tu voz no dejará de oírse en el interior de mi alma con una claridad
que no admite lugar a equívocos:
«Sígueme», será tu invitación imperturbable.
Te seguiré, Señor. Te seguiré, adondequiera que vayas y me lleves.
Iré contigo llevando mi cruz y resucitando contigo para salvar al mundo.
Sólo te pido tres cosas: dame fe, dame generosidad, dame valor;
en una palabra, dame amor.




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